miércoles, 5 de julio de 2017

La Motilla del Azuer, Daimiel

Si uno se fija, la llanura manchega está salpicada aquí y allá por pequeños túmulos más o menos cónicos, unos montículos que por su forma no parecen deber su formación a fenómenos naturales. En el pasado se pensaba que contenían en su interior algún tipo de enterramientos, y por tanto tesoros, y quizás fueron objeto de alguna exploración por parte de aquellos que pretendían hallar el legendario oro de los moros. Estos montículos han sido llamados tradicionalmente motillas. A finales del siglo XIX hay un primer intento de excavación científica, pero en realidad no es hasta los años sesenta del siglo XX cuanto empiezan los trabajos sistemáticos que han tenido continuidad hasta nuestros días. La excavación científica ha permitido desechar la inicial hipótesis de que las motillas eran enterramientos, para confirmar que constituían estructuras habitacionales, de defensa y de almacenamiento, en torno a las cuales se congregaban poblaciones humanas de tamaño mediano.

Conforme han ido avanzando las investigaciones se han encontrado más y más motillas (unas 30 se conocen en la actualidad), la mayor parte localizadas en la provincia de Ciudad Real, pero con algunas más en Cuenca, Toledo y Albacete. La característica más común de dichas estructuras es la de encontrarse en lugares de la llanura donde el acuífero resultaba accesible para la primitiva tecnología de la época por encontrarse a escasa profundidad, normalmente cerca de los cauces fluviales. Estas estructuras accedían al agua del subsuelo mediante la excavación de pozos, pozos que eran protegidos por densos muros de piedra para defender el uso de este recurso vital. Del mismo modo las motillas servían como centro de almacenamiento de cereales, y así se han encontrado silos conteniendo trigo, cebada, lentejas, chícharros, guisantes, etc. 

¿Cuándo y por qué surgen estas estructuras y cuál fue la cultura que les dio origen? Para hallar respuesta a estas preguntas podemos centrarnos en la única motilla que ha sido excavada de un modo completo y sistemático, así como la única que en la actualidad es visitable: la Motilla del Azuer, en Daimiel. Según las dataciones de carbono 14 la Motilla del Azuer empezó a construirse en la Edad del Bronce antiguo, en torno al 2250-2000 AC, edificándose en esta primera fase de ocupación la torre central y unas primeras estructuras de almacenamiento. En una segunda fase (2000-1800 AC) se excavará el pozo, hasta el momento el pozo más antiguo de España, con unos 4000 años de antigüedad, además de algunos muros perimetrales y nuevas estructuras de almacenaje así como de refuerzo para contener los empujes de la torre. Una tercera fase (1800-1600 AC) y aún una cuarta (1600- 1400 AC) verán sucesivas ampliaciones y reforzamientos de la estructura y de sus defensas, hasta que por fin alrededor del 1350 AC el asentamiento es definitivamente abandonado.

Ya sabemos a grandes trazos el cuándo, queda saber el por qué. Según los estudiosos de la paleoclimatología, la disciplina que estudia la evolución del clima en la antigüedad, la transición del Calcolítico a la Edad del Bronce estuvo vinculada a efectos planetarios a un evento climático caracterizado, en el caso de la península ibérica y de los llanos manchegos, por una extrema aridez vinculada a altas temperaturas, así los estudios de los pólenes de los estratos de la excavación ha mostrado para la primera época de construcción de la motilla unos estándares climáticos de severa sequía, aún agravados en el segundo período, en el que se detecta incluso la desaparición de la vegetación de ribera, por lo que se supone que los cauces superficiales pudieron secarse, de ahí la necesidad de construir pozos. Y de ahí igualmente la necesidad de proteger esos pozos, constituidos ahora en un recurso vital para la supervivencia, y de defenderlos de posibles grupos agresores.

Estas necesidades constructivas, esta necesidad de cooperación social y de "racionamiento" condujeron a sociedades más estructuradas en torno a jefaturas de algún tipo. Este proceso de aparición de jerarquías sociales es común a la mayor parte de las sociedades de la Edad del Bronce. Así mismo, el estrés ambiental tensiona estas sociedades y las gruesas defensas de la motilla manifiestan la aparición del fenómeno de la violencia intergrupal, la lucha por los recursos se agudiza. Los enterramientos nos pueden decir algo al respecto: los restos de varones adultos presentan un índice de lesiones mucho más elevado que el resto de la población, lesiones que pueden deberse ocasionalmente a accidentes, pero que parecen más bien indicar una ocupación de la población varonil adulta en actividades violentas, cuán frecuente o cuán ocasional es más difícil de decir.

Conforme el evento climático que hizo nacer las motillas cambia, es decir, cuando los índices de pluviosidad vuelven a unos estándares más generosos, las motillas tienden a ser abandonadas al volver los cauces fluviales a la llanura y ser posible una ocupación del territorio más dispersa. A este cambio climático en las postrimerías del bronce está asociado un enorme cambio cultural y por así decirlo la disolución de la cultura de las motillas. El uso del hierro dará a luz a otro mundo completamente diferente, otras culturas suplantarán a las antiguas y nuestra motilla, construida sobre una llanura arcillosa, con el ciclo de las sucesivas sequías e inundaciones, poco a poco se fue derrumbando sobre sí misma hasta convertirse en un cerro informe. Con el tiempo el viento la cubrió piadosamente de tierra y la tierra se cubrió  a su vez de vegetación y así, durante más de 3600 años lo que fuera un poblado de seres humanos se convirtió en hogar de conejos, zorros, topos y algún ave, un montículo en medio del inmenso llano. Sin embargo bajo sus piedras los huesos de los antepasados seguían esperando en sus tumbas a ser descubiertos para contar de nuevo su historia.





 Motilla del Azuer, vista aérea



  Motilla del Azuer, vista aérea



  Motilla del Azuer, vista aérea del pozo.



  Motilla del Azuer, vista aérea con los silos y las murallas de fortificación y su entrada en codo.



  Motilla del Azuer, pasillos perimetrales



  Motilla del Azuer, vista de los silos de almacenamiento de cereal



Vista de entorno desde la motilla



  Motilla del Azuer, vista del pozo



 Motilla del Azuer, vista de las escaleras que descienden al pozo



 Motilla del Azuer, vista del pozo



  Motilla del Azuer, muros



  Motilla del Azuer, pasillos interiores



  Motilla del Azuer, enterramiento



 Motilla del Azuer, contrafuertes que sujetan los empujes en el pozo



  Motilla del Azuer, vista de la torre central



  Motilla del Azuer, vista del llano desde el interior (la delgada línea verde es el río Azuer)



  Motilla del Azuer, vista desde el exterior




 Motilla del Azuer, fases constructivas


  Motilla del Azuer, reconstrucción virtual de la motilla y el poblado



 Motilla del Azuer, vista aérea con niveles freáticos mínimo y máximo


Para saber más:

Vínculo a la página oficial de la Motilla del Azuerhttp://www.motilladelazuer.es/

Estudio del Instituto Geológico y Minero de España: ARQUEOLOGÍA, HIDROGEOLOGÍA Y MEDIO AMBIENTE EN LA EDAD DEL BRONCE DE LA MANCHA: LA CULTURA DE LAS MOTILLAS

Interesantísimo y breve este artículo del CSIC: ARQUEOLOGÍA, SOCIEDAD, TERRITORIO Y PAISAJE

Disculpas y agradecimientos:

Pido mis más sinceras y humildes disculpas por este artículo que constituye una grosera simplificación de lo que constituye la cultura de las motillas o el llamado Bronce Manchego, pero soy filólogo, mis conocimientos de arqueología son prácticamente nulos y esto no es más que un blog personal, por eso reenvío a fuentes más competentes para quien desee informarse mejor.

Mi agradecimiento a Miguel Torres Mas, el arqueólogo que me enseñó el yacimiento arqueológico y a su amabilísima  y muy instructiva explicación, así como al personal del Museo de Daimiel por su amabilidad, atenciones y explicaciones. Gracias a ellos he podido descubrir un monumento increíble, aprender más de la historia de mi país y sentirme orgulloso más que nunca de mis orígenes manchegos.


martes, 13 de junio de 2017

Muerte a muerte

La muerte es el hecho radical que más nos iguala a todos los seres humanos, quienes considerados bajo este prisma somos, todos, mortales, lo que significa que, al tiempo que vivimos y por ello mismo, vamos muriendo cada día un poco y así, paso a paso, nos vamos aproximando a nuestra Muerte, esa frontera que nadie ha cruzado jamás de vuelta. "Amor odio, envidia, para ellos ya todo se acabó", dice el Eclesiastés. Recuerdo a este propósito unos versos de Lucrecio que me impactaron de modo especial; decían así: "Por tanto, puedes vivir tantos siglos como quieras; no por ello la eterna muerte dejará de aguardarte, y no durará menos el no ser para éste que hoy dejó la luz del día, que para aquél que cayó muchos meses y años atrás". ¿A que impresiona? Lucrecio es único para alegrarte el día.

Desde el inicio de los tiempos ha habido una corriente de pensamiento que  ha insistido en enfatizar la radical igualdad de todos los humanos ante a la muerte y que subraya que la misma suerte alcanza al pobre que al rico, al malvado que al santo, al joven o al anciano, una vez muertos todos son lo mismo: cadáveres que se descomponen y nada más. Cenizas a las cenizas, polvo al polvo.

Sin embargo, no es menos cierto que la muerte, además de un acontecer personal, es también un hecho que puede ser contemplado en su repercusión social, y es en este ámbito donde se convierte en un hecho significativo, es decir, la muerte, como todo lo que tiene que ver con el ser humano, está cargado de significados, y a partir de aquí ya no todas las muertes son iguales. Así, independientemente de las creencias religiosas de cada uno, y de si unos piensan que tras su muerte les espera otra vida o no, lo cierto es que las sociedades humanas siempre hemos atribuido significados diversos a las muertes de nuestros congéneres. 

De este modo juzgamos honrosa la muerte del héroe Ignacio Echeverría y vil la de sus asesinos, por citar un ejemplo reciente. La sociedad, según los códigos éticos y culturales de cada momento, ha estimado que ciertas muertes son ejemplares, incluso deseables: la del héroe, el mártir, el soldado, el santo, el anciano que muere rodeado de los suyos... otras las ha considerado deplorables: la del muerto por sobredosis, el suicida, el muerto de SIDA... otras llegan a provocar un sentimiento incluso de alivio, como la muerte del ajusticiado, del tirano, del terrorista. 

Lo que quiero resaltar es que la muerte significa, así un mismo acontecimiento puede tener distintos significados, y no son las mismas las connotaciones del suicidio de Catón de Útica que del de Séneca, ni el de Kurt Cobain que el suicidio de un adolescente víctima de acoso escolar. No se atribuye el mismo valor a la tortura de un mártir que a la tortura pública de un regicida, ni al ajusticiamiento en la guillotina de Luis XVI que al garrote vil de un asesino. En cada uno de estos casos la sociedad, el Estado, las personas, atribuimos significados diferentes a cada muerte.

El arte es un código de comunicación, incluso más, es un creador de significados, como tal ha tratado de expresar y transmitir estos particulares significados otorgados por el colectivo social a todas estas muertes diferentes: las honorables o las odiosas, las dignas de imitación o de lástima, o de repulsa. De este modo dentro de las artes plásticas se han ido consolidando tipologías de representación de la muerte: la muerte del sabio, del héroe, la muerte del mártir, del santo, la buena o la mala muerte... La pintura ha ido acuñando modelos para expresar de manera gráfica los significados que socialmente atribuimos a cada una de estas muertes. Desde el arte clásico, pasando por el arte religioso medieval, hasta nuestros días el arte sigue construyendo, replanteando, revisando significados, obra a obra, muerte a muerte. 

Al mismo tiempo la obra de arte, gracias a su polisemia, a su valor totémico, diríase mágico, no se contenta con limitarse a representar lo socialmente admitido, sino que nos confronta a la muerte con miradas nuevas y nos sigue compeliendo a reflexionar sobre este hecho fundamental aportando perspectivas inéditas, más intuitivas, más emocionales, más íntimas; como el mito, el arte enseña mediante símbolos que crea a cada momento, porque la muerte, mi muerte, su muerte, cada muerte, necesita todavía ser explicada y aún no hemos ni comenzado el camino...




EL DICTADOR
León Golub. Franco en el ataúd.



ESCRITOR MALDITO
Marléne Dumas. Céline.



EL PADRE DE LA PATRIA
Silvestro Lega. Muerte de Mazzini



EL SIDA
 AA Bronson. Felix Partz, June 5, 1994.



PREMONICIÓN DE LA PROPIA MUERTE
 Alfonso Ponce de León. Accidente (Autorretrato).



LA MUERTE DEL AMIGO
 Pablo Ruiz Picasso. Casagemas en su ataúd.



ABONANDO LOS CAMPOS CON SANGRE
 Vasily Vereschagin. Endecha



VUELTA AL BARRO
C R W Nevinson. Senderos de gloria.



EL CONDENADO
Vicente Carducho. La conversión de San Bruno ante el cadáver de Diocres.



HAMBRE
 José Aparicio Inglada. El Hambre de Madrid



LA PROTESTA
 Antonio Fillol. Después de la refriega.



EL INFANTE
Escuela cuzqueña. Mariano Francisco de Cardona, muerto con diez meses.



LA MUERTE DE LOS NIÑOS
 Charles Willson Peale. Raquel llorando.



LA MUERTE DEL HIJO
 Anto Carte. Piedad



HASTA EL ÚLTIMO ALIENTO
 Daphne Todd's. Retrato de la madre de la artista



LONGEVIDAD ¿UNA BENDICIÓN?
 Shaun Downey. Retrato de su madre a la edad de 89 años



LA MUERTE DEL SANTO
 Vicente Carducho. Muerte del Venerable Odón de Novara.



EL MAGNICIDIO
 Jacques-Louis David. Muerte de Marat.



MUERTE DE UNA REINA
 Eduardo Rosales. Doña Isabel la Católica dictando su testamento.



LA MUERTE DEL ARTISTA
 Henry Nelson O'Neil. Los últimos momentos de Rafael.



EL INCOMPRENDIDO
Henry Wallis. Suicidio de Chatterton



DESESPERACIÓN
 Vasily Perov. Encontrada ahogada.



ORGULLO
Guillaume Guillon-Lethière. Muerte de Catón de Útica.



LA MUERTE DEL SABIO

 Jacques-Louis Davis. Muerte de Sócrates.



LA SHOAH
 Boris Taslitzky. El campo pequeño en Buchenwald.



SUPLICIO DEL REGICIDA
 Grabado anónimo. Muerte y sufrimiento de Damiens, atentador de la sagrada persona del rey Luis XV.



GUERRAS DE RELIGIÓN
 François Dubois. Matanza de San Bartolomé.



SACRILEGIO: LA MUERTE DEL REY
 Grabado anónimo. Ejecución de Luis XVI.



INTIMIDACIÓN: EL AJUSTICIADO
 Ramón Casas. Garrote vil.



LA MUERTE DEL TORERO
 José Villegas y Cordero. Muerte del maestro.



LA RESISTENCIA
 Francisco de Goya y Lucientes. Fusilamientos del tres de mayo.



EL HÉROE DE LA PATRIA
 Leonardo Alenza. Muerte de Daoíz en el cuartel de Artillería de Monteleón.



CORONA DE MARTIRIO
 Mestre de Boí. Lapidación de Sant Esteve



ORIGEN: EL SACRIFICIO
Rembrandt van Rijn. El sacrificio de Isaac.



EL PRIMER MUERTO DE LA HISTORIA
Autor anónimo. Muerte de Abel. Panel de Marfil, Catedral de Salerno