miércoles, 4 de diciembre de 2013

Visiones de Toledo


Como una balsa de piedra recortada por el Tajo, un peñasco erizado de torres, medina de calles estrechas, como una urbe neolítica, de edificios apoyados los unos en los otros, un poblachón manchego en medio de llanuras secas y ardientes, con tapiales de adobe y piedras calentándose al duro sol de la meseta; pero también está esa otra urbe imaginada o soñada, la capital imperial, la de las tres culturas, la sede más rica de España, la de la España eterna de los siglos de oro. Hoy apenas una capital de Comunidad Autónoma, la Castellano-Manchega y una Meca para hordas de turistas de cruceros de secano. No es posible mirar Toledo con una mirada neutra: esta ciudad es lo que vemos, lo que sabemos, lo que imaginamos, lo que proyectamos en ella de nuestra visión de España, demasiadas cosas para una sola ciudad.

Mi recuerdo particular de Toledo es una imagen desde el monte de al lado, donde está la Academia de Infantería. Durante el verano que estuve haciendo allí el servico militar en la IMEC, cada día madrugábamos para salir a los patios de la Academia a hacer instrucción de orden cerrado, ejercicio de lo más útil, según nos decían nuestros mandos. Pero el recuerdo que tengo grabado es la visión de la ciudad allá enfrente, como un ascua iluminada por el sol de las primeras horas de agosto, una particular hora de gracia y una sensación de silencio y de armonía que ni siquiera un ejercicio tan tonto como el que nosotros hacíamos conseguía estropear. Ésa es la imagen que me viene a la memoria siempre que pienso en Toledo: un monte como un relicario, con torreones de filigranas, refulgente y dorado a la luz del amanecer.

Inducido por ese recuerdo, he traido hoy a esta entrada unas cuantas visiones que pintores muy diferentes han transmitido de esta ciudad. Si uno habla de España y de la visión de España, no tiene más remedio que tropezarse con los dos grandes antagonistas: Sorolla y Zuloaga, yo me reconozco más del lado de Sorolla, pero al César lo que es del César. Junto a ellos me apetece reivindicar a uno de los más grandes paisajistas que ha tenido la pintura española: Aureliano de Beruete, un grande entre los grandes, hoy más olvidado de lo que es justo. Por supuesto no se puede pasar por alto la dramática imagen de El Greco, que es una pintura expresionista "avant la lettre". Una de las que más me gusta es la del pintor chileno Claudio Bravo, una grisalla intensa, esencial, con un ir al fondo de las cosas que emociona, casi asusta. Por acabar con un toque contemporáneo, me gusta mucho la obra de Tomás López Martínez, de quien lo desconozco todo salvo el nombre.





 Domenikos Theotokopoulos, El Greco (Candia 1541 - Toledo 1614) Vista de Toledo, 1604-14






 Anónimo siglo XVIII. Vista de Toledo






 Joaquín Sorolla y Bastida (Valencia 1863 - Cercedilla 1923) Vista de Toledo, 1912.






 Joaquín Sorolla y Bastida (Valencia 1863 - Cercedilla 1923) El puente de San Martín, Toledo, 1906.






 Aureliano de Beruete (Madrid 1845 - Madrid 1912) El puente de Alcántara, Toledo, 1906.






Aureliano de Beruete (Madrid 1845 - Madrid 1912) El Tajo, Toledo, ca. 1904.






 Ignacio Zuloaga Zabaleta (Eibar 1870 - Madrid 1945) Vista de Toledo, Academia de Bellas Artes de San Fernando.






 Ignacio Zuloaga Zabaleta (Eibar 1870 - Madrid 1945) Retrato de Maurice Barrés, 1913.






 Claudio Bravo Camus (Valparaíso 1936 - Taroudant, Marruecos 2011) Vista de Toledo






 Diego Rivera Rodríguez (Guanajuato 1886 - Ciudad de México 1957) Vista de Toledo, 1912.






Tomás López Martínez, autor español contemporáneo. Vista de Toledo.




10 comentarios:

  1. Excelente publicación, muy buena información y unos cuadros de primera. Un saludo.

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    1. Muchísimas gracias, Mirta, por el comentario. Hace tiempo que quería dedicar una entrada a Toledo; hay muy buenos pintores que han tratado de pintarla y algunas muestras de las que he traido esta vez en particular me gustan mucho. Un saludo

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  2. Tiene todas las características de una ciudad decadente, lo que ensalza su natural belleza.

    También me decanto más por Sorolla, aunque esta vista nocturna de Zuloaga (que no conocía) me ha sorprendido gratamente. Coincido plenamente con tu comentario sobre Beruete.

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    1. Zuloaga pinta muy bien, tiene mucha expresividad, pero esa vena doliente y negra que tiene me echa para atrás, en tanto que Sorolla transpira amor por la luz, por la vida, por la gente.

      En el caso Beruete haría falta una gran exposición retrospectiva, creo que nos sorprenderíamos todos de lo gran artista que es y de lo audaz y honrado que es como creador, un pintor que nace en el más estricto e insobornable realismo y que acaba trascendiéndolo para sobrepasar a veces a los propios impresionistas.

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  3. La alegre luminosidad de los cuadros de Sorolla denota optimismo, contrastando con esa impactante visión toledana de Zuloaga - ¿influjo de El Creco? - que me hace evocar la humildad de la intrahistórica Castilla unamuniana, que tan bien debió de conocer nuestro pintor.

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    1. Creo que efectivamente Zuloaga está muy influido por El Greco y por la reflexión sobre España de Unamuno sobre todo, pero probablemente también de otros como Maeztu, me recuerda esa frase que ahora mismo no sé de quién es del "Nos duele España".
      Sorolla sin embargo, como su paisano Blasco Ibáñez, procede de una corriente más progresista, más cosmopolita y mira a su propio país con menos sentido trágico.
      Es curiosa la historia de la rivalidad entre estos dos, que en realidad yo creo que era la de Zuloaga hacia Sorolla, al que odiaba casi con fanatismo, mientras que el valenciano más bien le correspondía con un desdén mal disimulado. Es una pena, porque los dos son grandísimos pintores.

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  4. Extraordinarias visiones. La mía procede de sus montes y en carretera, pero bien merece un aplauso la comparativa que has compartido en la entrada. Saludos!!

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    1. Muchísimas gracias, Sonia. Yo la verdad es que aparte de la ciudad conozco poco la provincia, de la Mancha conozco más las llanuras albaceteñas o la sierra de Cuenca. Me alegro de que te gusten las pinturas. Un abrazo

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  5. Toledo es una ciudad que ansío conocer, única. Y ahora todavía más tras leer tu artículo y tus sensaciones líricas; la he visto como un relicario con torreones de filigrana... y me la has idealizado aún más... cosa que me encanta porque antes de viajar es bueno soñar.

    En las soberbias pinturas no veo "Toledos" sino sentimientos expresados en color, y los que más me gustan personalmente son los de Sorolla y Diego Rivera, por su vibrante alegría y musicalidad.

    De nuevo, un placer.

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    1. Verdaderamente Toledo es una ciudad que hay que ver, subir por esas calles encajonadas ya angostas, bajar al río y recorrerlo entorno a la ciudad, ver sus sinagogas, la catedral, la obra de El Greco, a pesar del turismo y su bullicio que hoy llega a todos lados, a pesar de las tiendas de souvenirs, aún queda la ciudad manchega, mitad provinciana, mitad señorial y eclesiástica, ese recuerdo de lo que España pudo ser, es una bella visita, espero que llegues a verla y que te guste tanto como me gusta a mí.

      Un saludo

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