domingo, 27 de marzo de 2016

Y bajó a los infiernos

En el Credo, en el credo católico al menos, el único que conozco, hay una frase que en tiempos estuvo y que hoy se ha quitado para volver al texto original niceno. En el pasaje donde se hablaba de Jesucristo se decía "fue crucificado en tiempos de Poncio Pilatos, padeció y fue sepultado, bajó a los infiernos, y resucitó al tercer día". Esa frase de en medio es la que se ha suprimido: "bajó a los infiernos", seguramente porque no figura en ninguno de los evangelios canónicos. Sin embargo el descenso de Cristo a los infiernos (al limbo dicen hoy en día los teológicamente correctos) para liberar a los justos que permanecían allí encerrados hasta su resurrección ha sido un tema muy recurrente en el arte cristiano, sobre todo en las tradiciones iconográficas bizantinas y las que dependen o están relacionadas con ellas, como en el arte religioso ruso o en el primer renacimiento italiano.

El único texto, si no canónico, sí al menos antiguo y con fuerte tradición en todas las iglesias cristianas donde se menciona el descenso de Jesús a los infiernos es un evangelio apócrifo, el Evangelio de Nicodemo. En este texto, un poco prolijo y lleno de estrellas invitadas, como Juan el Bautista, los profetas Elías, Daniel e incluso Henoch, el arcángel Miguel, Adán y Eva, Satanás y el mismísimo Hades personificado, los que narran el acontecimiento, como una especie de testigos de primera mano, son dos hijos del anciano Simeón, Carino y Lencio. 

Estos, después de algunos circunloquios, nos cuentan cómo "En el infierno se oyó una voz retumbante como un trueno que decía: ¡Príncipes eternales: abrid vuestras puertas de par en par, que va a entrar el Rey de la Gloria! (...) En aquel mismo momento hizo su entrada en el Infierno el que es verdaderamente Rey de la Gloria. Con la luz que de Él emanaba disipáronse las tinieblas que en aquel lugar reinaban. El recien llegado dirigióse a Adán, estrechóle su mano derecha con la suya y le dijo: "La paz sea contigo y con todos aquellos de tus hijos que fueron fieles conmigo". A continuación el Señor, tomando consigo a todos los aludidos en su anterior saludo, ascendió desde el fondo del infierno hasta el Paraíso, y al llegar a él hizo entrega a Adán, a quien llevaba todavía asido por la mano, al arcángel san Miguel. Abrió éste la puerta del cielo, franqueó la entrada a Adán y tras Adán entraron tambien todos los santos padres que formaban el espléndido cortejo". Fin de la cita. El autor que recoge la cita en esta ocasión no es otro que Jacopo della Voragine, en su libro "La leyenda dorada", un libro que es una joya para cuantos estudian la iconografía cristiana, entre otras cosas.

Así pues ya en este relato evangélico nos aparecen todos los elementos que, con más o menos añadidos o cambios, componen a nivel iconográfico la escena: Jesús resucitado, con el manto blanco de su sudario y a veces también con el banderín símbolo de su triunfo de la muerte, rodeado por un gran halo de luz, estrechando la mano a Adán, o simultáneamente a Adán y Eva, éstos aparecen saliendo de sus tumbas. Bajo los pies de Jesús las puertas del infierno rotas, a veces éstas aplastan en su caída al diablo, a veces Satanás es pisado por Jesús, sobre el suelo los grilletes de los condenados ahora inservibles. El propio infierno ya aparece representado como un monte en cuyas entrañas están los muertos, ya como un monstruo de fauces abiertas, que traga a las multitudes ingentes de los que permanecen en espera de la salvación.

Es una pena que hoy quienes rezan el credo omitan que Cristo, antes de volver de nuevo a respirar y a ver la dulce luz del día, antes de aparecerse a sus afligidos discípulos el día de su gloriosa resurrección, había bajado a lo más profundo del Hades y se había llevado consigo a los justos que aguardaban allí desde el principio de los tiempos para conducirlos al cielo. Donde Orfeo fracasó otro que era más que Orfeo triunfó. ¡Feliz Pascua de Resurrección!





 Anastasis, fresco sobre muro. San Salvador en Cora, Estambul. ca. 1315-1321





 Anastasis, Icono ruso.





 Anastasis. Icono bizantino.





 Anastasis. Iglesia de los Santos, George Kurbinovo, 1191.





Descenso de Jesús a los infiernos. Duccio di Buoninsegna, ca. 1310. Museo dell'Opera Metropolitana, Siena.






 Descenso de Jesús a los infiernos. Tabla gótica aragonesa, autor anónimo. Museo de Aragón.





 Descenso de Jesús a los infiernos. Fresco sobre muro, arte renacentista italiano, s. XV





Descenso de Jesús a los infiernos. Fresco sobre muro, arte renacentista italiano, s. XV





 Descenso de Jesús a los Infiernos. Frà Angélico (S. XV) Museo di San Marco, Florencia





Descenso de Jesús a los infiernos. Andrea Mantegna, 1470-75. Frick Museum, New York.





Descenso de Jesús a los infiernos, Jacopo Robusti "Tintoretto", 1578. Iglesia de San Cassiano, Venecia.




4 comentarios:

  1. Guardaba, en la lista de futuras entradas, una que versara sobre el descenso de Jesucristo a los infiernos, cuando leí un estupendo artículo en la wikipedia inglesa. Un trabajo que me ahorro, con sumo placer ;) Aquí (y así) está perfecto.

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    1. Tenía ganas de hace tiempo de hacer esta entrada, la inspiración viene del fresco de San Salvador en Cora, que es una imagen que cuando la vi en su día en Estambul me impresionó mucho, sobre todo porque no hay muchos paralelos en el arte occidental, esta escena de la Anastasis es algo infrecuente en nuestro occidente cristiano, luego cuando rastreas te das cuenta de que no tanto como pensabas, pero aún así. Los más curioso de hacer estos pequeños muestreos iconográficos es que ves lo poco que se modifican los esquemas iconográficos dados por la tradición, en este caso la única obra que rompe con ese esquema es la de Mantegna, pero el resto todas son variaciones de lo mismo.

      Me ha encantado leer el artículo de la wikipedia inglesa, que no había visto, así como me encantó tu muestra de iconografía sobre la historia de Lázaro y Epulón, magnífica.

      Gracias Enrique ;)

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    2. Es cierto, y en la de Lázaro de la misma forma. Un esquema que se repite hasta la saciedad. En la entrada no puse esta obra de Fyodor Bronnikov, Parábola de Lázaro, porque no encontré ninguna fuente fidedigna que supiera situarlo en un museo concreto. Pero me parece que se sale un poco del esquema, además de resultarme uno de los más hermosos.

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    3. Muy hermosa la reformulación que hace Bronnikov, con Lázaro sólo al pie de una gran escalera, el resto de la historia ya nos la imaginamos nosotros. Gracias por darme a conocer a un pintor desconocido

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